Desde la cárcel de Hadarim: Por qué los presos palestinos estamos en huelga de hambre en las cárceles de Israel

27 abril 2017 | Categorías: Opinión | |

Marwan Barghouti y Gideon Levy

El pasado lunes 17 de abril dio comienzo una huelga masiva de 1.500 presos palestinos en seis cárceles israelíes para denunciar sus condiciones de encarcelamiento y exigir derechos básicos como presos políticos. En solidaridad con ellos, ha habido manifestaciones en Ramallah, Hebrón y Nablus. Rami Hamdallah, primer ministro de la Autoridad Palestina ha hecho público un comunicado en el que, tras recordar el Día del Prisionero Palestino, llama a “todo el pueblo palestino y las instituciones internacionales a mostrar su solidaridad para hacer llegar el mensaje de los presos palestinos a todo el mundo”.Actualmente hay más de 6.500 presos palestinos en las cárceles israelíes y 1 de cada 5 palestino ha pasado por ellas según la ONG de Jerusalén Addameer, que defiende sus derechos. Entre las reivindicaciones de los presos se cuentan el acceso a un teléfono público en las cárceles para poder comunicarse con sus familiares, visitas familiares cada 2 meses, acceso a las visitas de los parientes de segundo grado, la mejora de la asistencia médica y que esta sea de acceso gratuito.

Desde 1967, 50 presos palestinos han muerto a causa de negligencias médicas en las cárceles israelíes. En algunos casos, los presos son mantenidos en cárceles secretas, aislados y sin que puedan defenderse ante los tribunales militares israelíes. El traslado de los presos detenidos en los Territorios Ocupados a Israel es una violación de la Cuarta Convención de Ginebra y así ha sido condenado por Amnistía Internacional.

Ya en 2014, 800 presos palestinos llevaron a cabo una huelga de hambre contra las detenciones administrativas que se prolongó durante 63 días hasta que las autoridades israelíes aceptaron negociar sus reivindicaciones. Ahora han nombrado a su portavoz al principal dirigente palestino encarcelado, Marwan Barghouti, miembro de la dirección de Fatah y diputado del parlamento palestino, que fue uno de los principales organizadores de la primera Intifada. Detenido y acusado de cinco asesinatos, no reconoció al tribunal militar israelí que lo juzgaba.

Hasta el momento, las autoridades israelíes se han negado a negociar con los huelguistas, los han aislado e impiden la difusión de noticias sobre su situación en las cárceles. Reproducimos un texto remitido por Marwan Barghouti al New York Times desde su celda el día del comienzo de la huelga de hambre y la extraordinaria defensa de la huelga de Gideon Levy. SP

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Después de pasar los últimos 15 años en una cárcel israelí, he sido tanto testigo como víctima del sistema ilegal de arrestos arbitrarios en masa y del maltrato a presos palestinos por parte del gobierno de Israel. Cuando ya no quedaban más opciones, decidí que el único camino era resistir estos abusos por medio de una huelga de hambre.

Unos 1.000 presos palestinos han decidido participar en esta protesta que comenzó el 17 de abril, conmemoración del “día de los prisioneros palestinos”. La huelga de hambre es la forma más pacífica de resistencia. Solo causa dolor a los que participan en ella y a sus seres queridos, con la esperanza de que sus estómagos vacíos y su sacrificio ayuden a que su mensaje resuene más allá de los confines de sus oscuras celdas.

Décadas de experiencia han demostrado que el inhumano sistema de ocupación colonial y militar de Israel tiene como objetivo destruir la voluntad de los presos y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimiento a sus cuerpos, separándolos de sus familias y comunidades, utilizando medidas degradantes para forzar su subyugación. A pesar de este tipo de trato, no nos rendiremos.

Israel, la potencia invasora, ha violado las leyes internacionales de varias maneras durante casi 70 años pero sigue gozando de impunidad por sus acciones. Ha cometido violaciones graves contra los Convenios de Ginebra en contra del pueblo palestino; los presos —hombres, mujeres y niños— no son la excepción.

Tenía apenas 15 años cuando caí preso por primera vez. Con solo 18 años un israelí me obligó a separar las piernas para golpearme en los genitales mientras estaba desnudo en una sala de interrogación. Me desmayé del dolor, y por esa caída llevaré para siempre una cicatriz en la frente. Después, el israelí se burló de mí y me dijo que nunca procrearía porque la gente como yo solo engendra terroristas y asesinos.

Unos años después volví a estar preso en una cárcel israelí y, mientras dirigía una huelga de hambre, nació mi primogénito. En lugar de los dulces que solemos distribuir para celebrar ese tipo de noticias, repartí sal entre los otros presos. Cuando tenía apenas 18 años, mi hijo también fue arrestado y pasó cuatro años en las cárceles israelíes.

Ahora el mayor de mis cuatro hijos es un hombre de 31 años. Sin embargo, yo sigo aquí, prosiguiendo esta lucha por la libertad junto con miles de presos, millones de palestinos y el apoyo de muchas personas alrededor del mundo. ¿Tanta es la arrogancia del invasor y opresor, y de los que lo respaldan, que hacen oídos sordos ante esta simple verdad? Nuestras cadenas se romperán antes que nosotros, porque la naturaleza humana presta atención al llamado de la libertad sin importar el coste.

El gobierno ha construido casi todas sus cárceles dentro de Israel en lugar de en los Territorios Ocupados. Así, ha encarcelado ilegal y violentamente a civiles palestinos, y esta situación se utiliza para restringir las visitas familiares e infligir sufrimiento a los presos por medio de largos trayectos en condiciones atroces.

Convirtieron los derechos básicos que deberían garantizar las leyes internacionales en privilegios que sus servicios carcelarios deciden otorgarnos o quitarnos, incluidos algunos que se han ganado dolorosamente por medio de huelgas de hambre.

Los presos y detenidos palestinos han sufrido torturas, tratos inhumanos y degradantes y negligencia médica. Algunos fueron asesinados mientras se encontraban detenidos. Según los últimos datos de la Asociación de Presos Palestinos, desde 1967 han muerto cerca de 200 prisioneros por este tipo de acciones. Los palestinos y sus familias siguen siendo el blanco principal de la política israelí de imposición de castigos colectivos.

Con nuestra huelga de hambre, buscamos terminar con estos abusos. Según el grupo de derechos humanos Addameer, en las últimas cinco décadas, Israel ha encarcelado o detenido a más de 800.000 palestinos, el equivalente al 40 por ciento de la población masculina de los territorios de Palestina. En la actualidad, casi 6.500 siguen en prisión, entre los cuales hay algunos que cuentan con la funesta distinción de contar con los récords mundiales de años de encarcelamiento como presos políticos. Difícilmente hay una familia en Palestina que no haya tenido que vivir el sufrimiento que provoca el encarcelamiento de uno o varios de sus miembros.

¿Cómo se explica esta increíble situación? Israel ha establecido un régimen legal dual, una forma de apartheid judicial que otorga impunidad virtual a los israelíes que cometen crímenes contra de palestinos, mientras que criminaliza la presencia y resistencia palestina. Los tribunales de Israel son una farsa de justicia, instrumentos evidentes de la ocupación militar y colonial. Según el Departamento de Estado de EE UU, la tasa de condenas para los palestinos juzgados en tribunales militares es de casi el 90 por ciento.

Entre los cientos de miles de palestinos que Israel mantiene cautivos se encuentran niños, mujeres, parlamentarios, activistas, periodistas, defensores de los derechos humanos, académicos, figuras políticas, militantes, transeúntes y familiares de prisioneros. Y todo con un solo objetivo: sepultar las aspiraciones legítimas de toda una nación.

Sin embargo, en vez de que eso suceda, las cárceles israelíes se han convertido en la cuna de un movimiento permanente a favor de la autodeterminación palestina. Esta huelga de hambre demostrará una vez más que el movimiento de los presos es la brújula que guía nuestra lucha, la lucha por la Libertad y la Dignidad, el nombre que hemos escogido para este nuevo paso en nuestro largo camino hacia la libertad.

Israel ha intentado etiquetarnos como terroristas para legitimar sus violaciones, entre las que hay arrestos arbitrarios en masa, torturas, medidas punitivas y restricciones severas. Como parte de la estrategia de Israel para socavar la lucha palestina por la libertad, un tribunal me sentenció a cinco cadenas perpetuas y 40 años de cárcel en un juicio político y mediático que denunciaron los observadores internacionales.

Israel no es la primera potencia colonial o invasora que recurre a ese tipo de medidas. Cada movimiento de liberación nacional de la historia enfrentó prácticas similares. Por este motivo hay tanta gente que ha luchado a nuestro lado en contra de la opresión, el colonialismo y el apartheid. En 2013, desde la celda donde estuvo preso Nelson Mandela en Robben Island, uno de los patriarcas de la lucha contra el antiapartheid  en Sudáfrica, Ahmed Kathrada, y mi esposa, Fadwa, inauguraron la campaña internacional por la liberación de Marwan Barghouti y los presos políticos palestinos, que ha recogido el apoyo de ocho ganadores del Premio Nobel de la Paz, 120 gobiernos y cientos de líderes, parlamentarios, artistas y académicos en todo el mundo.

Su solidaridad expone el fracaso político y moral de Israel. Un opresor no concede derechos. La libertad y la dignidad son derechos universales inherentes a los seres humanos, y los deben disfrutar cada nación y todos y cada uno de los seres humanos. Los palestinos no serán la excepción. Solo con el fin de la ocupación se terminará esta injusticia y nacerá la paz.

 

La protesta social más justificada hoy en Israel

Gideon Levy

La protesta social más justificada que pueda existir no le preocupa a nadie. Se ha lanzado una campaña despreciable de incitación contra ella, orquestada por el gobierno con la cooperación instintiva de los medios de comunicación a su servicio. La protesta social más justificada en Israel es presentada como un peligro y amenaza para su seguridad.

La protesta social más justificada, valiente y seria en Israel hoy en día es la huelga de hambre de cientos de prisioneros palestinos, que dura ya una larga semana este domingo. Las personas con conciencia deberían unirse a la huelga, o al menos protestar en su apoyo. En cambio, los jóvenes de la Unión Nacional, encienden barbacoas frente a las ventanas de la prisión de Ofer para atormentar a los hambrientos huelguistas.

Es un comportamiento despreciable en los márgenes sádicos de la derecha. Nadie protestó contra semejante espectáculo degradante.

La protesta social más justificada en Israel no es presentada como tal en absoluto. Por el contrario, todos los participantes son calificados de asesinos abominables. ¿Son todos los presos judíos asesinos “abominables”, también? Pero el discurso público en Israel abomina de dudas morales cuando se trata de palestinos. Y los presos políticos son presentados como asesinos y nadie habla de los objetivos de su lucha, que es deslegitimada sin contemplaciones por la trituradora de los analistas militares, al dictado del servicio de seguridad Shin Bet.

Fíjese en las explicaciones que fuerzan en nuestras gargantas: se trata de una lucha interna palestina en beneficio de Marwan Barghouti. Es Barghouti contra el presidente palestino, Mahmoud Abbas – toda la cháchara propagandística del establishment de seguridad, destinada a ocultar los objetivos de la huelga. ¿Y nadie se pregunta si es posible que el objetivo de una huelga de hambre de más de mil personas, con todo el sufrimiento implicado, sea avanzar la carrera de un preso que cumple cuatro sentencias de cárcel a perpetuidad? ¿Alguien puede tomarselo en serio? ¿Alguien sabe siquiera lo que significa una huelga de hambre? ¿No hay ninguna posibilidad de que estas personas valientes, que están dispuestos a sacrificar su bienestar e incluso sus vidas, lo hagan por causas justas?

Sus causas son incomparablemente justas. No hay ni siquiera una reivindicación que sea extremista. No quieren más que un trato humano. Quieren teléfonos públicos, como tienen los criminales judíos de la peor calaña, y ampliar el horario de visitas de sus familias. Quieren poder ser fotografiados de vez en cuando con sus seres queridos y recibir atención médica adecuada. Los que van a tener que pasar la mayor parte de su vida en la cárcel quieren poder estudiar. Y, por supuesto, quieren que se ponga fin a la detención administrativa. En pocas palabras, quieren un poco más de justicia. Estas son reivindicaciones sociales, no políticas.

Lean la historia de las huelgas de hambre. Casi todas ellas han sido justas y admirables. Comenzando con las huelgas de hambre de los esclavos negros en los barcos británicos en el siglo XVIII, pasando por la gran huelga de hambre de los presos del IRA en Irlanda y la huelga de hambre de los estudiantes chinos en Tiananmen. Mahatma Gandhi, Andrei Sakharov, Abie Nathan. Son modelos a seguir. Y ahora Marwan Barghouti, que según dice el periódico Yedioth Ahronoth incita a la gente. ¿Pero los incita para qué? ¿para recibir libros en la cárcel? ¿Para que instalen un teléfono público?

Hay asesinos entre ellos – la minoría, por cierto – y también tienen derechos. Algunos están en la cárcel por su actividad política. Algunos no han sido juzgados. Unos pocos han sido detenidos recientemente por sus supuestas intenciones. Y todos ellos son parte de una lucha nacional por la libertad. Lo que debería ser admirable, incluso para los israelíes. Han sido condenados a duras penas, carentes de toda proporcionalidad y, por supuesto, sin un juicio justo. Las condiciones de su encarcelamiento también son una muestra vergonzosa de apartheid si se compara con las de los prisioneros judíos.

Ahora están luchando por sus derechos básicos. Su lucha merece apoyo. Hay que oponerse a la campaña de incitación contra ellos. Los objetivos de su huelga están mucho más justificados que la campaña de incitación del ministro de Seguridad Pública Gilad Erdan y son más morales que la demagogia del dirigente de Yesh Atid, Yair Lapid.

http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.784968

 

miembro de la dirección de Fatah y diputado del parlamento palestino, fue uno de los principales organizadores de la primera Intifada. Detenido y acusado de cinco asesinatos, no reconoció al tribunal militar israelí que lo juzgaba.
Corresponsal del diario israelí Haaretz.

Fuente

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